Crónica de ruta: un día completo viviendo con el Cadillac Lyriq‑V 2026
Especial para PASION AUTOS / LUIS FERNANDEZ /
El plan era simple: salir temprano, recorrer ciudad, autopista y un tramo de caminos secundarios, y volver al atardecer. Queríamos entender al Cadillac Lyriq‑V 2026 no desde la ficha técnica —que ya conocemos— sino desde la convivencia real. Cómo se siente, qué transmite, qué revela cuando pasan las horas y no solo los kilómetros.
Amanecer: el primer contacto importa
Apenas amaneciendo, el Lyriq‑V nos esperaba con esa iluminación frontal que Cadillac ha convertido en firma visual. No es un gesto estético gratuito: la parrilla iluminada funciona como un saludo silencioso, casi teatral, pero sin caer en lo exagerado.
Abrimos las puertas y el interior nos recibe con la enorme pantalla curva de 33 pulgadas. No sorprende por tamaño —ya la conocíamos— sino por cómo se integra en la cabina. A esa hora, con la luz tenue entrando por el parabrisas, la interfaz se siente más como un panel de control que como un simple display.
Ajustamos la posición de manejo. Los asientos, con buen soporte lateral, anticipan que este no es un SUV eléctrico cualquiera. No hay exageración, pero sí una sensación de propósito.

Primer tramo: ciudad antes del tráfico
Salimos en modo Tour. La suspensión adaptativa filtra baches y juntas de expansión con una suavidad que no esperábamos de un modelo V-Series. El silencio es casi total: ni vibraciones, ni ruidos de rodadura, ni zumbidos eléctricos. Cadillac ha trabajado bien el aislamiento.
En las calles, el tamaño se nota, pero la dirección recalibrada ayuda a maniobrar sin esfuerzo. El pedal de freno, eso sí, tiene un tacto algo artificial en los primeros milímetros. No es un problema, pero sí un detalle que se percibe desde el primer semáforo.
El tráfico empieza a formarse y el Lyriq‑V se mueve con naturalidad. La entrega de potencia es suave si no se solicita más. Es un eléctrico que no obliga a demostrar sus 615 hp en cada arranque.
Media mañana: la autopista revela su carácter
Entramos a la autopista y activamos el modo Velocity Max. Aquí el Lyriq‑V cambia de actitud. No se vuelve agresivo, pero sí más decidido. El acelerador responde con inmediatez y el empuje es contundente. Cadillac estima 0–60 mph en 3.3 segundos, y aunque no cronometramos, la sensación coincide.
La estabilidad es uno de sus puntos fuertes. A velocidades altas, el SUV se siente plantado, sólido, sin movimientos innecesarios de carrocería. Los frenos Brembo delanteros aportan confianza: la mordida inicial es firme y la desaceleración, progresiva.
En este tramo aprovechamos para probar el sistema de asistencias. El control crucero adaptativo mantiene distancias con suavidad, y el centrado de carril actúa sin tirones. Cuando está disponible, Super Cruise sigue siendo uno de los sistemas manos libres más refinados del mercado.

Mediodía: pausa, carga y observaciones
Paramos en una estación de carga rápida. El comportamiento es similar al del Lyriq estándar, que admite hasta 190 kW. La sesión confirma que la curva de carga es estable y que el sistema de gestión térmica hace bien su trabajo.
Mientras esperamos, observamos el diseño exterior con calma. En vivo, el Lyriq‑V tiene una presencia particular: no es ostentoso, pero sí imponente. Las llantas de 22 pulgadas llenan los pasos de rueda y el frente, con detalles oscuros, le da un aire más decidido que el Lyriq convencional.
La gente se acerca. No para preguntar por cifras, sino por el diseño. Es un SUV que genera curiosidad sin necesidad de estridencias.
Tarde: caminos secundarias, donde se define un V-Series
Tomamos un tramo de carretera con curvas amplias y algunas enlazadas. Aquí queríamos ver si el apellido V-Series tiene sentido en un SUV eléctrico. La respuesta es sí, aunque con matices.
La suspensión adaptativa controla muy bien los movimientos de la carrocería. No hay balanceos exagerados y el peso se gestiona con inteligencia. La dirección, más directa que en el Lyriq estándar, permite colocar el vehículo con precisión. No es un deportivo, pero sí un SUV que invita a mantener ritmo.
El reparto de torque del sistema AWD ayuda a salir de curvas con más decisión de la que esperábamos. Lo que más sorprende es la consistencia. No hay momentos en los que el Lyriq‑V se sienta fuera de su zona de confort. Todo está calibrado para transmitir control.

Atardecer: regreso a la ciudad y cansancio cero
Volvemos a la ciudad con más de 200 kilómetros recorridos. Lo interesante es que no hay fatiga. El asiento sigue siendo cómodo, la insonorización impecable y la suspensión, en modo Tour, vuelve a priorizar el confort.
La autonomía estimada por Cadillac es de 285 millas EPA, y nuestra proyección del día coincide razonablemente con esa cifra, siempre que no se abuse del modo Velocity Max.
En tráfico denso, el Lyriq‑V se siente tan refinado como al inicio. Es un vehículo que no exige adaptación: se integra a la rutina con naturalidad.
Noche: luces, ambiente y cierre del día
De noche, el interior cobra otra personalidad. La iluminación ambiental, discreta pero bien distribuida, crea un ambiente elegante sin caer en lo futurista exagerado. La pantalla curva mantiene buena visibilidad y el sistema Google Built‑In responde rápido.
Al estacionarlo, la sensación es clara: el Lyriq‑V no es un SUV eléctrico deportivo en el sentido tradicional. Es un SUV eléctrico con carácter, con una puesta a punto que busca equilibrio más que espectáculo.

Conclusión de la crónica
Después de un día completo, el Cadillac Lyriq‑V 2026 deja una impresión sólida: no es un eléctrico que busque romper récords, sino uno que apuesta por la coherencia.
Potencia real, refinamiento, estabilidad y una identidad propia dentro de la gama Cadillac. No intenta ser un BMW iX M60 ni un Tesla Model X.
Su propuesta es distinta: lujo silencioso con un toque de firmeza V-Series.

